
Muchas personas confunden comer con alimentarse. ¿Conoce usted la diferencia? Afortunadamente, no hay ningún misterio ni mucho que estudiar para alimentarse bien. Basta con conocer lo que comían nuestros padres y abuelos, y nosotros mismos de pequeños: comidas preparadas con alimentos naturales, tales como verduras, frijoles, arroz y otros granos, tortillas de maíz y algo de carne roja, pollo o pescado. Las frutas eran botanas o postres populares. Gracias a esa alimentación saludable, había mucho menos obesidad y enfermedades crónicas.
En la actualidad esto ha cambiado mucho. Se ha dejado de consumir alimentos saludables para dar paso a productos procesados que, si bien calman el apetito y son prácticos, en vez de nutrirnos nos llenan de harinas refinadas, grasas dañinas, azúcar y sal. Esto ha hecho que en los últimos años los latinos hayan aumentado varias tallas y que enfermedades como el cáncer, la diabetes
y enfermedades del corazón afecten a cada vez más latinos. Pero las poblaciones del mundo que han conservado su alimentación tradicional viven más y son más sanas que los habitantes de los Estados Unidos.
Las tres recomendaciones más importantes para una alimentación saludable coinciden con la alimentación latina tradicional:
Hay que comer con placer. No se trata sólo de matar el hambre, ni tampoco de comer hasta el hartazgo. La “buena comida” debe ser saludable pero no aburrida, con buen sabor. Afortunadamente, nuestras cocinas tradicionales tienen muchísimos platos deliciosos y saludables. Y debe ser un momento agradable que compartamos con nuestros seres queridos.
No conviene descuidar la alimentación por ahorrar. Aunque la situación económica esté difícil, ha que recordar que para tener buena calidad de vida hay que tener salud, y que vale más la pena invertir en lo que ponemos dentro de nuestros cuerpos que gastar en lo que nos ponemos encima.