Sponsored by:

La decisión de Amy
Un relato verdadero, en sus propias palabras.
Pensaba que no tenía con quién hablar de lo que estaba pasando en mi vida, de todo lo malo, y los sentimientos que tenía hacia mí misma, los sentimientos normales de la adolescencia. Entonces, me hice amiga en Internet de alguien que no conocía y que me dijo básicamente que las cosas irían mejor con él.
Nuestra amistad empezó en una sala de chat privada en la que se conversa con varias personas, de allí pasamos a una que yo creé y así era como hablábamos. Esto transcurrió durante un mes, más o menos. Desde el principio yo sabía… sabía cual era su edad, ni siquiera pensé que teníamos una relación.
Él era un extraño, le podía decir a un desconocido a quien nunca iba a conocer cosas que no le podía contar a mis amistades. Me decía que yo no era despreciable”, ven aquí” que me podía cuidar hasta que yo pudiera cuidarme a mí misma, sabes, te cuidaré y ya no tendrás que preocuparte de todo eso. Y pensé que era mucho mejor que quedarme donde estaba.
La segunda vez que me escapé, yo no quería, pero sabía que si no lo hacía habría más problemas, porque él había venido a mi casa, y recibo una llamada de parte de otra persona que él conocía por Internet y ella me dijo que él estaba afuera esperándome.
Le dije a mi madre que me iba a dar un paseo, y pitándome fui. Hubiera preferido ir a casa de mi amiga, que me habría aceptado porque–y esto no lo sabía en aquel momento– la mayoría de ellas estaba pasando por lo mismo.
Mi fuga duró unos dos días y nos detuvieron en otra estación de autobús. Finalmente, lo acusaron de llevar a una menor fuera de los límites del estado; ahora está en la cárcel.
Pasé mucho miedo porque me había llamado, sabía donde vivía, conocía mi número de teléfono. Y entonces, cuando salga de la cárcel, puede volver a llamarme y volver a empezarlo todo. Dijo que esto ya lo había hecho antes y que nunca lo habían pillado.
Pues lo que me preocupa es donde están las otras personas, las que conoció antes. Si dices que esto nunca te pasará y la cosa avanza más y más, tarde o temprano sí que te pasará, quieras o no. Porque nunca sabes quién es esta persona o de lo que es capaz, porque un día puede simplemente aparecer por tu casa. Puede llegar a tu puerta y esperarte. Cuando todo se complica demasiado y piensas: “Uy, no. Mis padres se van a enterar de todo lo que he estado haciendo, no les puedo hablar, se van enfadar y me castigarán.”
No pienses así, piensa en que si sigues hablando con esa persona por Internet no sabes lo que es capaz de hacer. Diferentes escenarios pasan por mi cabeza: lo que pasó, lo que podría haber pasado, lo que no ocurrió.
Tuve suerte de no estar muerta al lado de la carretera y estar bajo tierra ahora mismo. Eso es lo que yo siento. Me cuesta creer que hice eso, por qué lo hice, todo aquello; era como un cuento de hadas que no ocurrió. Da mucho miedo.
Me hice amiga de alguien en línea…
Sala de chat privada…
No se me ocurrió…
Era un extraño…
Él decía …
Puedes venir aquí…
Te cuidaré…
Me escapé…
Afuera esperándome…
Yo no sabía…
Dos días…
Ahora está en la cárcel…
Pasé mucho miedo…
¿Dónde están los otros?
Nunca sabes quién es esta persona…
Puede aparecer…
Tuve suerte…
Da mucho miedo…
Si usted, o alguien que usted conoce es una víctima, haga una declaración Cybertipline o marque el 1 (800) 843-5678
Vídeo cortesía de NetSmartz, un programa del Centro Nacional para Niños Desaparecidos o Explotados (National Center for Missing and Exploited Children).