
Cada cinco años el gobierno federal reúne a un equipo de dietistas, nutricionistas y expertos en salud para discutir problemas de nutrición. Su trabajo es hacer “recomendaciones” a los habitantes de EE.UU. sobre qué deben (y no deben) comer para tener una mejor salud. Quieren que estemos más sanos y que tengamos un estilo de vida más saludable.
Entonces, deje el tenedor a un lado y veamos qué hay de nuevo.
Las Pautas nutricionales para EE.UU. (texto en inglés) fueron reveladas en enero de 2011, en un esfuerzo conjunto de la Administración de Drogas y Alimentos de los EE.UU. y el Departamento de Salud y Servicios Humanos. Los cambios afectarán las recomendaciones que dan los doctores y la comida que ofrecen muchos programas de asistencia. Si bien varias de las recomendaciones nutricionales no han cambiado, el enfoque cambió un poco para incluir más orientación que ayude a las personas comunes y corrientes a entender las recomendaciones y usarlas en su vida diaria.
A continuación verá siete simples consejos basados en las nuevas pautas, que le conviene conocer y practicar:
1. Evite las porciones demasiado grandes. No consuma comidas ni bebidas gigantes. Y no se coma otra porción. Lea las etiquetas nutricionales antes de comer o tomar algo, para que sepa qué se considera una porción. Acostúmbrese a dejar de comer hasta estar totalmente lleno.
2. Haga que la mitad de su plato consista en frutas y verduras. La población de los Estados Unidos no obtiene suficiente fibra de su alimentación. Llenar en cada comida la mitad de su plato con frutas y verduras es una manera fácil de cumplir con sus requerimientos diarios de fibra. Propóngase consumir un mínimo de cinco porciones de frutas y verduras de varios colores cada día. Una porción es aproximadamente del tamaño de su puño.
3. Tome leche baja en grasa (1 por ciento) o sin grasa. Aunque al comienzo le cueste acostumbrarse al nuevo sabor, pronto lo hará. Esta variación en su dieta es una manera fácil de reducir su consumo diario de grasa saturada, el cual debe mantenerse entre el 20 y el 30 por ciento de su consumo total de calorías.
4. Compare el contenido de sodio en sopas, panes y comidas congeladas, y escoja los que tengan menos. La mayoría de personas pueden comer hasta 2,300 mg al día. Pero, como las personas con hipertensión, los afroamericanos y los mayores de 51 años tienen mayor riesgo de tener hipertensión, la cantidad diaria de sodio para ellos ha sido disminuida a 1,500 mg al día (3/4 de cucharadita de sal). Este ajuste es algo nuevo en las pautas. Si usted está en riesgo, prepare sus propias comidas para controlar su contenido de sal, revise las etiquetas nutricionales en los empaques y no agregue más sal a su plato.
5. Beba agua en vez de bebidas azucaradas. Las bebidas azucaradas incluyen las sodas, bebidas energéticas, jugos y otras bebidas. El azúcar contiene calorías vacías, es decir usted gana muchas calorías sin ningún beneficio nutricional.
6. Mantenga sus calorías (y energía) balanceadas. ¿Qué significa esto? Simplemente que debe consumir una variedad de alimentos incluyendo frutas, verduras, proteína, carbohidratos y grasas saludables en su alimentación. Las dietas bajas en carbohidratos o altas en proteína no son buenas. Más bien, opte por una dieta balanceada que incluya todos los grupos de alimentos. Además es importante realizar alguna actividad física.
7. Reduzca en lo posible su consumo de grasas sólidas. Las grasas sólidas en las comidas son grasas saturadas o grasas trans. Vigile su consumo diario de mantequilla y otras grasas de origen animal, y evite a como dé lugar el consumo de grasa trans, que es la más dañina y que aparece en la lista de ingredientes de los productos bajo el nombre “grasa parcialmente hidrogenada” (partially hydrogenated oil). Infórmese sobre los ingredientes que debe evitar.